Del "moscoso" al "Rodríguez": historia de las palabras que usamos para no trabajar

El verano y las vacaciones transforman nuestro lenguaje

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verano 2019 vacaciones
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Sin entrar en cuántos derechos laborales hemos perdido o no hemos alcanzado aún, una mirada a las palabras para nombrar en español el descanso del trabajo y el disfrute de días no laborables nos confirma que hemos cambiado mucho como sociedad. Históricamente hemos ido engrosando y flexibilizando el catálogo de vocablos dedicados a nombrar las vacaciones en todas sus variantes. Paradójicamente, cada vez nos cuesta más desconectar de verdad.

La forma de llamar el descanso del trabajo y el disfrute era en lo antiguo "holgar". Escrita como folgar en la Edad Media, "folgado" significaba descansado (o, como sigue dándose hoy, suelto y ancho en una prenda) y "folganza" era el descanso. Pero en los textos medievales, la folganza se asocia normalmente al premio divino por una vida llena de penalidades, y es común encontrar la vinculación entre los trabajos en la tierra y la recompensa de folganza en la otra vida.

De hecho, cuando se hablaba de "folganza terrenal", solía ser en términos poco prestigiosos. Si hoy nos parece lo más sano y deseable conciliar trabajo con descanso, en un texto del siglo XIII se mostraba como algo imposible la compatibilidad entre el estudio y la diversión: “Et una de las locuras et de las sandeces deste mundo es querer haber amigos sin lealtad (...) et querer ser sabio et estar folgando et non estudiando” (Calila e Dimna).

En general, la libranza del trabajo estaba ligada a la fiesta religiosa preestablecida. Hoy asumimos que días festivos o feriados son los designados en el propio calendario como no laborables, pero su significado no era totalmente equivalente en un principio. Cierto es que "fiesta" (del latín festa) y "feria" (latín feria) son palabras de la misma familia latina (FESTUS) pero el uso en castellano las terminó separando en lo antiguo en dos brazos: las fiestas eran los festivos religiosos, de naturaleza eclesiástica, y las ferias eran las celebraciones de naturaleza no religiosa que se organizaban con la excusa de las fiestas.

Si en el pueblo había celebraciones el día del santo, estas se llamaban fiestas, y si, con ocasión de esas fiestas, se realizaba un mercado de alimentos o ganado, eso era una feria. De hecho, hoy seguimos hablando de la feria del libro (y no de la fiesta) o de la feria de Sevilla (primitivamente una feria de ganado), pero, en cambio, no restringimos la fiesta a la celebración religiosa. Basta pasarse por una de las macrofiestas veraniegas de la costa española para observar las diferencias en el grado de paganismo.

Vinculado con este mismo calendario religioso estaba el asueto. Era en su origen la "fiesta acostumbrada, usual" (latín festum assuetum), establecida por tradición, sobre todo la disfrutada en el ámbito escolar y estudiantil. La palabra "asueto" derivó después, por una parte, a un sentido más libre en el origen del festivo, ya que empezó a aludir a cualquier día en que no se iba a trabajar; pero, por otra parte, empezó a cobrar un sentido más restringido en la duración del festivo, ya que apuntaba a los permisos de un solo día. Decir “Jaime está hoy de asueto” equivalía a decir que mañana volvía al trabajo. La rara expresión “dar satis” también tuvo cierto uso en el siglo XVIII y se conserva dialectalmente hoy como sinónimo de dar las vacaciones escolares.

Hoy tenemos como vocablo básico para el descanso laboral a la palabra "vacación" y con ella a toda su bendita familia. En torno a esta palabra se han gestado otras como "vacacionar" (o sea, pasar las vacaciones en un sitio, verbo que se usa sobre todo en áreas del español americano), "vacacionista" (turista que está de vacaciones, palabra empleada en el español caribeño), o derivados del estilo "prevacacional" o "posvacacional".

Hay, junto con estos derivados, sintagmas ya fijados en torno a las vacaciones, por ejemplo, en un ámbito tan serio como el del Derecho, donde estas fechas dan lugar a la expresión “sala de vacaciones” o sala que se ocupa de los asuntos de urgencia durante la etapa de vacaciones judiciales.

Si trabajas en vacaciones estarás contraviniendo a la propia raíz del vocablo, que viene del latín vacare, literalmente "estar vacío". O sea, extendido a lo humano, "estar ocioso, libre". El sentido primero de las vacaciones era el de las vacantes o puestos libres en un cargo pero en el siglo XVIII ya estaba plenamente conformado el sentido actual.

Otras palabras para las vacaciones y el descanso tienen fecha más reciente. El anglicismo relax empieza a usarse en los textos españoles de Psicología en los años setenta (en esa década vaciló entre el masculino y femenino y femenino, se llegó a decir "la relax") y a fines del siglo XX se había asentado ya en nuestra lengua. Aunque tomada del inglés, la palabra es de origen latino; su raíz relaxare entronca de nuevo con la idea de lo holgado, lo laxo, que veíamos en la base de la holganza.

Y, por último, entran en la historia reciente del español europeo los dos apellidos vacacionales del español: Moscoso y Rodríguez. Javier Moscoso del Prado fue ministro de la Presidencia a inicios de los ochenta y tuvo la feliz idea de conceder a los funcionarios seis días adicionales de permiso al año por asuntos particulares para compensar una subida salarial no pagada. Aunque el número de días ha variado a la baja desde entonces, pedir un moscoso o disfrutarlo ha añadido el vocablo al parnaso de los nombres vacacionales del diccionario.

El reverso urbano de las vacaciones familiares en la playa es quedarse de Rodríguez. La expresión viene de una película de 1965 cuyo actor principal era José Luis López Vázquez. Este encarnaba a Pepe Rodríguez, un madrileño que se quedaba solo en la ciudad trabajando y era tentado por la pasión extraconyugal mientras su esposa y los hijos pasaban el verano en la playa. La película se llamó El cálido verano del señor Rodríguez y dio curso a la expresión "estar de Rodríguez", que ha terminado entrando en nuestros diccionarios. Esta parece la única expresión típicamente veraniega que alude al trabajo y no a las vacaciones, aunque para muchos la soltería estacional de estar de rodríguez sea el mejor plan vacacional posible.

Pero más palabras en torno al hedonismo no garantizan que sepamos ejercerlo mejor. Por eso, dejamos para el final la idea que lo recorre todo: el descanso. Descansar es lo contrario de cansar, tan simple como eso. Ahora, trata de ser fiel a esta palabra cuando concedas un descanso o cuando lo disfrutes.

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